jueves, 30 de septiembre de 2010

CAPITULO II ~ El lugar del milagro. La Guardia antigua. El Fuerte y Los Cerrillos del Pilar.

Un acontecimiento religioso de trascendencia del cual se tiene conocimiento dentro del territorio de lo que hoy constituye el partido del Pilar, fue el acaecido en el año 1630 en la estancia de D. Diego Rosendo de Trigueros en las proximidades del río Luján, cuando sucedió el milagro de las carretas que trasladaban entre otras cosas dos imágenes de bulto.

Una de las carretas que transportaban las imágenes quedo detenida y sin querer andar por obra de una fuerza misteriosa contra la que nada pudieron las dos yuntas de bueyes que la arrastraban. Se bajaron las vírgenes y la carreta anduvo; se volvieron a subir las imágenes y la carreta de nuevo quedó inmovilizada, intentaron probar dejando una y la carreta pudo andar.

El primer relato sobre el milagro pertenece al R. P. Pedro Nolasco de Santamaría y fue escrito en 1737. En su relación, adaptada a escritura moderna, cuenta este Sacerdote: "certifico haber oído al difunto mi padre, a mi bisabuela y a otras personas del pago" [...] "un portugués, vecino de Córdoba, que fundó la hacienda de Sumampa, pidió a un paisano suyo le trajese del Brasil una pequeña imagen de la Concepción, para colocar en una Capilla, que estaba fabricando en dicha su hacienda; y que con este encargue le remitieron a un mismo tiempo dos; las cuales encajonadas cargó en su carretón".

                         Nuestra Señora de Sumampa                       Virgen de Luján en su contextura original


El viaje desde el puerto de Buenos Aires se cumplió sin tropiezos hasta el río Luján, cerca del cual hizo noche el portugués dueño de las Imágenes. El lugar elegido fue la estancia de otro portugués "un paisano suyo llamado fulano Rosendo".

"Queriendo proseguir su viaje, uncidos los bueyes por la mañana, no pudieron mover dicho carretón; por cuya causa lo volvieron a descargar, y entonces se movieron los bueyes sin ninguna dificultad; y admirados todos de este prodigio le preguntaron qué llevaba en la carga, que allí se había descargado, que pudiera servir de impedimento a su viaje; y él respondió que no llevaba cosa de impedimento, antes sí dos Imágenes para darle culto; y determinaron se embarcasen en el carretón los dos cajoncillos de las Imágenes; e hiciesen caminar el carretón; y se hallaron con el impedimento primero, a que empezó a exclamar el devoto portugués a la Virgen Santísima que bien sabía el efecto, para que la llevaba, que era para colocarla en la capilla que en su nombre tenía fabricada; y persuadiéndole a que sacase él un cajón y dejase el otro, probaron a que caminase el carretón, y no se pudo mover de su lugar; volvieron a hacer la diligencia de sacar el cajón, que había quedado y cargar el que habían bajado; y entonces se movió dicho carretón, sin impedimento alguno, quedando el dueño muy contento con la Imagen que se llevó, dejando la otra en el paraje, donde le mostraba quererse quedar".






En ese paraje, hoy localidad de Villa Rosa, Pilar, quedaría por muchos años una de estas réplicas entronizada en una ermita bajo la custodia de un humilde negro esclavo llamado Manuel, donde acudían los lugareños a ofrendar su devoción.

Según la historia de la virgen de Luján, permaneció allí hasta 1671, año en que la santa imagen fue adquirida por Da. Ana de Matos, quien la trasladó a su vivienda sita en el actual pueblo de Luján. Del traspaso de la virgen de la Purísima Concepción, llamada así en esos tiempos, tenemos el testimonio del R. P. Felipe José Maqueda "... como el trecho era largo, no menos de cinco leguas españolas, no fue posible llegasen los de la procesión el mismo día, por lo que entrada la noche todos hicieron estación en la Guardia Antigua que estaba en tierras de Pedro Rodríguez Flores" [...] "al salir el sol, se prosiguió la marcha con soldados de la guardia hasta llegar a la casa de la expresada señora" (12).

  
En efecto los feligreses tomaron el camino real o viejo y la caravana se detuvo en la guardia, que se hallaba instalada en la zona donde posteriormente se formaría un reducido caserío conocido como "Pilar Viejo". Ubiquemos hoy la guardia en el Km. 57 de la ruta 8 y el acceso Panamericano como una referencia adicional (13).
 
En el año 1663 el gobernador José Martínez de Salazar había mandado cerrar este paso fronterizo, motivo que llevó a muchos investigadores confundirlo con el existente en el Paso de las Carretas (14), cercano al camino nuevo, actual ruta 7, y próximo al lugar donde años más tarde se levantaría la villa de Luján. Sin embargo, los hechos demuestran que este sendero antiguo seguía siendo utilizado para comunicarse con otros pueblos de la campaña de Buenos Aires y de las provincias de Santa Fe y Córdoba.

La orden de cerrar definitivamente el camino viejo y disponer que todo tráfico al norte transitara por el camino nuevo tenía por objeto un mejor control de las rutas y vigilancia del contrabando. La disposición contenía como advertencia la aplicación de severas penas aduaneras ante su incumplimiento, pero la orden fue desobedecida principalmente por los mercaderes de contrabando.

El puente que permitía cruzar el río Luján también era paso obligado de aquellos pobladores que tenían sus estancias en la vecindad y la explicación de construir años después el Fuerte de la Concepción a escasos quinientos metros de la otra banda del río Luján, reafirma aun más la suposición de que el tránsito por este acceso no fue interrumpido y de haberlo sido fue momentáneo.

Algunos escritores aseguran que los soldados que custodiaban la guardia eran aragoneses, no tenemos noticias de ellos pero es muy posible que esta presunción sea cierta, pues algunos de los habitantes radicados en el Pilar Viejo eran naturales de esa región española. El descubrimiento de la Guardia Antigua descarta la teoría de quienes afirman que estas personas provenían del Fuerte de la Concepción, cuya construcción se frustró después de haberse levantado los montículos de tierra para dar comienzo a esa fortaleza.


La obra del emplazamiento del fuerte se inició después del mes de noviembre de 1671, luego de que el gobernador Martínez de Salazar, veterano de las guerras europeas, reconociera, eligiera el sitio y dispusiera trazar las líneas y abrir las zanjas, dando así principio a cavar y sacar tierra de los fosos con quinientos indios guaraníes de las doctrinas del Paraná y Uruguay que se hallaban a cargo de los Padres de la Compañía de Jesús. Cuatro meses de comenzados los trabajos estos fueron interrumpidos y no hay constancias de su continuación.

Un año después, el 8 de diciembre de 1672, Salazar preocupado por las constantes invasiones de los indígenas que atacaban, mataban y robaban a los pobladores españoles radicados en la campaña, enviaba al rey de España un informe sobre la conveniencia de construir un fuerte en ese paraje para defensa y seguridad, además entendía que el sitio elegido era un punto estratégico para impedir que los indios pampas y otra cualquier invasión enemiga cruzaran el río Luján y avanzaran hacia el puerto de Buenos Aires.

En efecto el maestre de campo Martínez de Salazar previniendo un posible ataque y ocupación de la ciudad de Buenos Aires por fuerzas extranjeras y por lo tanto evitar a toda costa que el atacante pueda obtener recursos de la zona del interior y tomar contacto con los indios “pampas y serranos”, quienes con tal de causar daño a los españoles no titubearían en suspender sus conflictos y aliarse al enemigo extranjero, estima necesario organizar la defensa en líneas interiores, para lo cual aprecia con acierto que el punto estratégico más adecuado se encuentra en la margen izquierda del río Luján, en proximidad del camino a Córdoba del Tucumán, donde podía recibir refuerzos así como de Santa Fe y Paraguay. Por tanto el río representaría un importante obstáculo para el avance y penetración del invasor, dificultaría su contacto con los indios hostiles a los españoles, así como el paso del ganado de toda clase que los hombres de Salazar procederían a reunir, concentrándolo en el “rincón o ensenada que forma la tierra con el Paraná de más de 8 o 10 leguas”, mientras que la fortificación, además de contener al invasor extranjero aprovechando el obstáculo del río, contribuiría al rechazo de los indios serranos procedentes del oeste, impidiéndoles el enlace con los invasores.

 
 Evidentemente, el fuerte del Pilar, armado y guarnecido en regla, debía constituir una barrera segura contra cualquier invasor que procedente de Buenos Aires, tratara de forzar el paso, y mientras cerrase el camino a todo abastecimiento de víveres, tal ejército se vería enfrentado a múltiples dificultades para subsistir, viéndose obligado a reembarcarse en término perentorio.

Es menester tener en cuenta que esto ocurre en el año 1671, vale decir, en un momento en que no existía núcleo de población alguno en ese sitio, ya que las primeras referencias a la ubicación de la primitiva población del Pilar, corresponden a principios del siglo XVIII. Además, Martínez de Salazar titula su proyecto: “Plactica y Dispossición para hacer el fuerte de Santa María de la Concepción del Río de Luxán, diez leguas del Puerto de Buenos Ayres para los efectos que se contienen en el discurso antecedente”. Vemos, por consiguiente, que no existe coincidencia en el nombre de la Virgen a la cual están consagrados, respectivamente, el fuerte y la capilla, tan inmediatos entre si especialmente, pero entre el origen de los cuales media, evidentemente, un intervalo temporal bastante importante.

El haber creído en la contemporaneidad del fuerte y la capilla o población indujo a pensar en una equivocada concepción estratégica en cuanto a la ubicación del fuerte, dado que entre la población y el fuerte se encontraba el río, con lo cual el obstáculo representado por el curso de agua hubiera sido una traba más para el defensor que para el atacante.

Salazar para llevar a cabo la obra señala que se necesitarían 150 indios efectivos por el tiempo de duración de los trabajos, cuyo plazo considera de un año, y luego con menos indios se mejoraría y perfeccionaría. Pensaba obtener estos indios maloqueándolos de y sacándolos de las Pampas , puesto que nunca habían podido ser reducidos, ni adoctrinados, ni reunidos en pueblos, destacando que su manutención implicaría poco gasto dada la abundancia de ganado, su principal alimento. Los indios se repartirían en 5 escuadras de 30 cada una, a cargo de un “reformado” y 4 soldados encargados de su asistencia y distribución de comida y trabajo. Cada uno de estos cuerpos tendría a su cargo una cortina, y un baluarte con un tapial y los bueyes necesarios para el acarreo de tierra de las tapias y transportar la del foso a los terraplenes con lo cual se trabajaría simultáneamente en la fortificación por cinco partes distintas (15).

El ancho del foso sería de 45 o 50 pies (unos 12,5 o 14 m.), 15 pies de profundidad (unos 4,20 m.), y la cuneta central del foso, 10 pies de ancho y 10 de profundidad (unos 2,80 por 2,80 m., respectivamente, considerando el antiguo pie de Castilla de 28 cm., más o menos). La falsabraga o muro bajo edificado delante del principal, tendría un ancho desde el pie de la muralla al de la banqueta del parapeto, de 15 pies (4,20 m.), la banqueta 3 pies (unos 85 cm.) por pie y medio (0,42 cm.) de alto; ancho y alto del parapeto, 5 pies (1,40 m.), etc. El grosor de la muralla sería de 30 pies (unos 8,40 m.) por 15 de alto (4,20 m.). Los cuarteles, cuerpo de guardia y almacenes se harían arrimados a la muralla interior (15).

  
En consecuencia, el fuerte contaría con cinco baluartes, cada uno con dos o tres troneras para la artillería en cada uno de los fuertes, y otra en cada través. Se necesitarían un maestro herrero, un maestro y dos oficiales de albañilería, dos maestros y dos oficiales carpinteros, para las distintas obras del fuerte, que Martínez de Salazar sugiere sean enviados de España, comprendidos entre los soldados de dotación, dado que los que existen en Lima y Chile son muy difíciles de traer y además pretenden ganar cinco pesos los maestros y tres los oficiales “mientras que si se trata de soldados con algo que se agregue a sus sueldos trabajarían gustosos y serán efectivos como la experiencia lo ha mostrado en las obras que han hecho”.En cuanto a herramientas, señala que se necesitarán 500 azadas, 500 palas y 250 picarañas (15).

A los fines de reforzar la guarnición de Buenos Aires, Martínez de Salazar procedió a hacer bajar de las misiones del Paraná y del Uruguay, además de cierto número de españoles, a 500 indios guaraníes para emplearlos en operaciones bélicas por su probada lealtad y aptitudes guerreras. Es de presumir que la presencia de tan grande número de indios en la ciudad debía crear ciertos problemas al gobernador, teniendo en cuenta la escasa cantidad de personas de sangre más o menos europea, por tanto para no tenerlos inactivos y de acuerdo con sus planes resuelve iniciar directamente las obras de construcción del fuerte, utilizando la mano de obra proporcionada por estos indios.

Los trabajos tuvieron una duración de cuatro meses al cabo de los cuales debido a su precaria salud, el gobernador solicita autorización para retornar a España y en consecuencia, propone a la reina que el sucesor designado siguiera los trabajos. Pasa el tiempo y la construcción no se realiza, pero quedaron como vestigio cinco montículos, eran los restos de las excavaciones y del levantamiento de los terraplenes, hoy desaparecidos por haberse utilizado la tosca hace años atrás para la construcción del country de Javier Bargalló.

De este fuerte hay bastante documentación. Pedro de Lozano, religioso de la Compañía de Jesús, escribía por 1750 "... que los 500 soldados traídos por Salazar y acuartelados el río de Luján, a distancia de diez leguas del Puerto, se mantuvieron los dos últimos meses de 1671 y los dos primeros del siguiente, asegurando aquellos parajes contra las avenidas de los bárbaros, que viendo penetrados sus designios se retiraron al asilo de sus tierras y cesó el común peligro por la tierra como por agua..." (16).

Félix de Azara también habla del fuerte y cuenta haber visitado esta ciudadela en Pilar. Así se expresa: "Eligieron el sitio, llamado hoy los Cerrillos; y construyeron el Fuerte de tapias con su foso, cuyas ruinas yo he visto" (17).

Este lugar es conocido por el nombre "Los Cerrillos del Pilar", se encuentra muy próximo a la ruta 8 (Km. 61) y al acceso que conduce a la localidad de Manzanares. Los rieles del  Ferrocarril General Urquiza dividen por su parte media el sitio donde se pensaba construir el fuerte; los montículos, denominados “Cerrillos”  A, B y C, antes de su destrucción, quedaron hacia el Norte y los D y E hacia el Sur (ver plano). A corta distancia discurre el río Luján, sobre cuya margen izquierda y a unos 250 metros del puente ferroviario del Ferrocarril Urquiza se hallaban los cinco cerrillos del proyectado fuerte.



En los años 1968 y 1969, alumnos del Seminario de Arqueología Americana y de otras áreas técnicas de investigación, dirigidos por el Suboficial Mayor (R. E.) Osvaldo Chiri, Licenciado en Ciencias Antropológicas, apoyado por otros profesores colegas y ayudantes de cátedra, realizaron excavaciones en el lugar encontrando algunos fragmentos de huesos de animales, seguramente vacunos, algunos con huellas de trozado que sin duda eran residuos de alimento de los trabajadores y tiestos de cerámica indígena y Talavera de la Reina del siglo XVI, de evidente manufactura europea. Otros restos óseos hallados correspondían a equinos y algunos dientes atribuibles a perros. Este último hallazgo fue muy importante puesto que con anterioridad a la llegada de los españoles no existían perros indígenas en esta zona del país, de manera que todo resto de este tipo implica categóricamente un asentamiento parahispánico o posthispánico, como lo determinan también los restos de vacunos o equinos (18).
 



   

En 1969 el montículo ”A” había sido prácticamente demolido dejando solamente el núcleo con las raíces de un ombú en la cima, ahondándose unos 3 metros con relación a la superficie del terreno. Las topadoras no tuvieron piedad y sigueron arrasando los demás montículos, destruyendo de esta forma un monumento histórico; una reliquia de nuestro pasado colonial, cinco cerros testigos del nacimiento del pueblo nuevo y viejo del Pilar que habían permanecido durante 300 años y fueron borrados en un momento de su historia.

     
Bibliografía, documentación consultada y notas.

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                                                                            continúa capítulo III.-

miércoles, 29 de septiembre de 2010

CAPITULO III ~ Los primeros pobladores.

Las primitivas familias se hallaban dispersas por todo el territorio del Pago de Luján y se dedicaban al desarrollo de actividades ganaderas. Una de las primeras concentraciones humanas de significación fue la formada en torno a la Capilla de Nuestra Señora de Luján, La donación original de tierras para la erección del pueblo data de 1682 (1).

En el padrón de 1726 no es mucho lo que se encuentra más allá del santuario de Luján (18) y recién en el censo de 1744 se puede advertir la presencia de un núcleo poblacional más consolidado, cuyo proceso de concentración alrededor del templo obedeció a la necesidad de protección y defensa de las incursiones indígenas desatadas a partir de 1730 (2).

Las tierras que hoy constituyen el partido del Pilar, formaron desde sus orígenes parte del pago de Luján, es decir la vasta extensión regada por el río del mismo nombre y sus afluentes. Desde el 23 de octubre de 1730 pasaron a integrar el distrito del Curato de Luján, erigido en esa fecha por auto del Cabildo Eclesiástico de Buenos Aires sede vacante, documento en el que se declaró Iglesia propia del mismo Curato la Capilla del Nuestra Señora de Luján en el pueblo de igual designación.

En el censo de 1726 no hay noticias sobre la existencia de un "oratorio o capilla" en el lugar y sólo se mencionan las estancias y sus propietarios, siendo sus edades imprecisas en muchos de los casos.

El Capitán Bernardo Muñoz de la Rosa fue el encargado de censar a los vecinos del Pago de Luján. De las familias por él asentadas en el padrón el día 29 de septiembre de 1726, tomamos nota de aquellas afincadas en el radio de nuestro estudio, entre las cuales figura Da. María Cabezas, ya viuda de Francisco Gómez de Saravia:

"Estancia del Alférez Gerardo Pérez y su mujer Da. María Gómez, tiene seis hijos; Gerardo Pérez de 14 años de edad, Gerardo de 12, Tiburcio de 10, los demás pequeños.

Estancia de Da. María Gómez [Cabezas], viuda, tiene en su compañía a su hijo Francisco Gómez y su mujer Da. María León, con ocho hijos; Juan Antonio de 15 años, Frutos de 14, Bernardo de 13, los demás pequeños.

En dicha compañía Juan de Melo, su yerno, y su mujer Da. Mariana Gómez; tiene un hijo llamado Francisco, de 12 años.

En dicha compañía Francisco de Acuña y su mujer Francisca Arias, tiene dos hijas y son todos de Córdoba y hace 8 años que están en esta jurisdicción.

Estancia de Da. María Gil, viuda, y en su compañía su hijo Francisco Pérez, de 36 años, y un nieto llamado Raimundo, de 12.

En dicha compañía Lucas Pérez y su mujer Da. María Palacios, tienen tres hijos pequeños.

Estancia de Antonio Gómez, su mujer Da. Juana Gómez, tiene ocho hijos, Antonio de 20 años, Pascual de 19 y los otros pequeños.

Estancia de Sabina Gómez, viuda, tiene tres hijos, dos casados y uno soltero llamado Carlos de 18 años.

En dicha compañía Bernardo Seco, su hijo y su mujer Lorenza Alvarez, tiene tres hijos pequeños.

Estancia del Sargento Andrés Gómez, su mujer Da. Luisa de Melo, tiene siete hijos, cinco varones, Bernardo de 13 años y los demás pequeños.

Estancia del Capitán Lorenzo de Melo y su mujer Da. María Valdivia, un hijo llamado Martín de 20 años.

Estancia del Capitán Diego de Melo y su mujer Da. Magdalena de Saravia, tiene tres hijos muy pequeños.

Estancia de Francisco [García] González y su mujer Da. Ana de Medina, tiene una hija. En su compañía su suegra Da. Gabriela Gómez, viuda.

Estancia de Juan Vallejos, su mujer Francisca Burgueño, tiene siete hijos pequeños.

Estancia de Juan de la Cruz y su mujer Rosa Vallejos, tiene dos hijos pequeños.

Estancia de Francisco Ramos y su mujer Da. Francisca Vallejos.

Estancia del Capitán Diego Ramos y su mujer Da. Ana Vallejos, tiene cinco hijos, todos pequeños”.

Estancia del capitán Juan Celis de Quiroga y su mujer Doña Juana Arias de Mansilla, tiene ocho hijos, cuatro varones, Silverio Celis de 20 años y Marcos de 13, los demás pequeños.

El día 30 de ese mes se prosiguió el relevamiento y se empadronó en su estancia a Juan Ponce [de León], su mujer Da. Francisca Gómez [de Saravia] y seis hijos; Juan Oberto de 15 años, Cristóbal de 12 y los demás pequeños (3).

Sigue la lista de pobladores (4).


Un centro aglutinante de población, si bien de escasas proporciones, fue el constituido en 1744 en la Guardia Vieja e inmediaciones de la Capilla de Nuestra Señora del Pilar, que en ese año reúne a un reducido grupo de personas que apenas superaba la veintena (5).


Este documento es de vital importancia para determinar las poblaciones y sus poseedores, tanto propietarios como arrendatarios de las tierras que en su momento constituyeron la villa y Capilla del Pilar viejo; como así también la estancia de "la virgen" y las parcelas donde años más tarde se formaría el pueblo nuevo del Pilar.

La relación que hace el padrón de 1744, de las familias establecidas en la Capilla de Nuestra Señora del Pilar en su contorno es la siguiente:

"...Casa de Manuel Pinazo, montañés de 30 años, casado con Polonia Amarillo de 28 años de edad. Tienen hijos y se llaman José Gregorio de 5 años, Eusebio de 6 meses y María Martina de 1 año. Tiene un negro esclavo llamado Francisco de 24 años, casado con Melchora, india de 20 años. Está en tierras de la virgen y se mantiene con pulpería.

Casa de Juan Correa de 34 años de edad, casado con Juana Gómez, de 20 años. Tiene hijos y se llaman Leonardo de 4 años y María de 4 meses. Está en tierras propias inmediato a la Capilla de la virgen del Pilar.

Casa de Antonio Pereyra, portugués de 35 años de edad, casado con Francisca González de 40 años. Se mantiene de sus conchavos y está inmediato a la Capilla de Nuestra Señora del Pilar.

Casa de José García de 30 años de edad, casado con María de Melo de 20 años. Tiene una hija llamada Pascuala de 5 meses. Está en tierras de la virgen del Pilar.

Casa de Francisco de la Marca de Mesina, dijo era natural de 38 años de edad, casado con Antonia Gómez de 18 años. Tiene hijos y se llaman Prudencio de 2 años y Teodoro de 2 meses. Está en tierras suyas cerca de la Capilla de Nuestra Señora.

Prosiguen las estancias río abajo:

Estancia poblada en tierras propias del Teniente Bartolomé Gutiérrez de Paz de 27 años de edad, casado con Petrona Pérez de 22 años. Tienen hijos y se llaman Diego de 5 años, Esteban de 4 y María Marcelina de 1 año.

Estancia poblada en tierras propias del Capitán Gerardo Pérez de 50 años, casado con María Gómez de 40 años, tiene hijos y se llaman José de 28 años, Tomás de 20. Tiene una negra esclava llamada Ana de 40 años, un indio llamado Tomás de 20 años, casado con Magdalena, india de 20 años. Tiene en su compañía a su hijo Gerardo Pérez de 28 años, casado con Francisca Gutiérrez de Paz de 22 años y tienen un hijo llamado Pascual de 4 años. Asimismo tiene en su compañía a Tiburcio Pérez, su hijo de 27 años, casado con Josefa Gómez de 20 años y tienen hijos llamados Francisco de 7 años, María de 4, María Josefa de 2 y Juana de 3 meses. Asimismo tiene a su cargo tres muchachos indios llamados Lucas de 9 años, Estanislao de 6 y María del Carmen de 5.

Estancia de Da. Sabina Gómez, viuda de 60 años de edad. Tiene en su compañía a su hijo Bernardo Seco de 30 años, casado con Micaela Gómez de 28 años, quienes tienen hijos llamados Carlos de 9 años, María de 16 e Isabel de 10. Asimismo tiene en su compañía a su nieto Ramón Cornejo de 26 años, casado con María Seco de 20 años, padres de Isidro de 4 meses, Juana de 3 años e Isabel de 2 años, poblados en tierras propias".


Y continúan las estancias del Alférez Andrés Gómez, Mateo Burgueño, Lorenzo Melo, Diego Melo y otros habitantes que también son mencionados en el año 1738, en la relación que hace el Capitán Bartolomé Verdún de los soldados y vecinos que asisten en su distrito, cuya mención nos reservamos para otro trabajo más amplio relacionado con las primeras familias pobladoras del Luján abajo (6).



Bibliografía, documentación consultada y notas.
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jueves, 23 de septiembre de 2010

CAPITULO IV - María Cabezas. La imagen de bulto. Donación de tierras. Planos antiguos. La Capilla ayuda de Parroquia de Nuestra Señora de Luján. Diario de viajes del Padre Parras.


En la formación espontánea de las poblaciones humanas existe una variedad de casos. Luján y Pilar se formaron alrededor de Capillas, es decir de Oratorios rurales y al igual que Belén de Escobar, su creación y significado obedece al protagonismo de la mujer y a una vocación religiosa a la Santísima Virgen María y al Niño Dios.

Recordemos y tengamos presente los nombres de estas tres mujeres; Ana de Matos (Luján), mujer de Marcos de Sequeira, María Cabezas (Pilar), cónyuge de Francisco Gómez de Saravia y María Eugenia Tapia (Belén de Escobar), esposa de José Antonio Cruz.

Desde los primeros afincamientos de personas en la campaña se contó con la presencia de determinadas ordenes religiosas, ello no evitó que en el interior de cada vivienda existiera un culto particular. La inmensa fe católica de estas familias, su aislamiento y la falta de un lugar cercano donde profesar su devoción cristiana hizo que venerasen distintas imágenes.

La considerable distancia que separaba a la Iglesia de algunos parajes densamente poblados de la Parroquia, fue motivo de que con el correr de los años se erigiesen Vicecuratos en los mismos para la mejor atención del servicio del culto. Uno de éstos fue el de Nuestra Señora del Pilar, al que sirvió originariamente de Iglesia una Capilla construida "a expensas de un particular" en las proximidades de la margen derecha del río Luján.

Da. María Cabezas conservaba una pequeña réplica de la santísima virgen María con el niño Dios en su brazo, en una visión personificada de Nuestra Señora del Pilar y es muy probable que el primer oratorio haya sido levantado en su propia casa pues un documento asevera: " ... en el año 1700 se habían establecido fortines en un lugar llamado <Luján abajo> para defenderse de las invasiones de los indios y en ese lugar se instaló el primer núcleo de población. En 1729, una vecina del lugar, María Cabezas, esposa de Francisco Gómez, quien poseía una imagen de la virgen del Pilar, se propuso darle culto público en una Capilla construida de ladrillos de adobe y techo de paja, cerca de la margen derecha del río Luján, solicitó autorización del obispo de Buenos Aires y una vez concedido la Capilla fue dedicada a la virgen del Pilar, siendo atendida por un sacerdote enviado del pueblo de Luján a celebrar oficios los días festivos" (23).

María Cabezas en ese entonces ya viuda, no sólo donó la imagen de la virgen, también cedió una parcela de terreno de su propiedad para que la construcción de la Capilla (24), la cual una vez habilitada comenzó a servir como ayuda de Parroquia al crearse el Curato de Luján en el año 1730 (25).

En 1737 fallece María Cabezas y es sepultada con cruz baja en la Capilla del Pilar (26). Luego de su muerte otra porción de sus tierras pasó a propiedad de la Iglesia, según se desprende de la trasferencia efectuada el 13 de marzo de 1749, fecha en la cual Fray Pablo del Aguila y Ríos, de la Real y Militar orden de Nuestra Señora de las Mercedes, vende al Capitán Gerardo Pérez un terreno de 250 varas de frente al río Luján por 9.000 varas de fondo, aclarando en dicho auto "que le pertenecen por los costos e impensas funerales causados en el entierro y demás exequias que importaron sesenta y dos pesos y cuatro reales que debían satisfacerme los herederos como Párroco que era en aquel tiempo en la Capilla del Pilar y no cubrieron pese a ser interpelados por el espacio de nueve a diez años" (27).

Una protesta a esta venta parte de D. Juan de Melo, quien en una nota enviada en julio de 1752 al Alcalde Mayor Provincial de la Santa Hermandad, expone: "... por muerte de mis suegros entramos yo y todos mis cuñados en posesión hereditaria de unas tierras de estancia en donde todos estamos situados, como también la Capilla de Nuestra Madre Santísima del Pilar, por donación que para dicha planta hizo mi suegra y todo consta de ambos testamentos de dichos difuntos que paran en mi poder y ha llegado a mi noticia que el R. P. Fray Pablo Nuño del Aguila le ha vendido al Teniente Gerardo Pérez doscientas varas de dichas tierras en cuenta de derechos sin consentimiento ni acuerdo de partes..." (28).

El comprador estaba casado con María Gómez, hija de los mencionados Francisco y María Cabezas. En 1799 Los herederos de Gómez reclamaron la pertenencia de estas tierras y el Cura del Pilar D. Luis Antonio de Tagle, como Síndico del pueblo, siguió una causa judicial contra los sucesores de Pérez; pleito que finalizó cuando la Cámara de Justicia les reconoció a estos últimos el derecho a 222 y ½ varas, de las cuales 150 varas se vendieron a Toribio Insúa en 1862 y el resto quedó para la Parroquia (29).

                             Referencias: Nº 5: Antigua Capilla Del Pilar. Nº 6: quinta de Ramón Pinazo.
                                  Nº 7: Estancia de la Virgen. Agrimensor Guillermo Pijto. Año 1799.

Otro campo adyacente con una superficie similar a la anterior, conocido como "tierras de la virgen", perteneció también a la Iglesia por donación que hiciera D. Isidro Cornejo. En su suelo existió el cementerio antiguo que luego pasó a propiedad de la Municipalidad (30).

El testamento de María Cabezas no pudo ser hallado y por tal motivo ignoramos los detalles de su última voluntad de quien tiene el mérito de haber sido la gestora del pueblo del Pilar a través de una veneración religiosa. La ausencia de este testimonio no trajo mayores inconvenientes para llegar a saber otros pormenores de su vida. De su matrimonio con Francisco Gómez de Saravia nacieron nueve hijos:

1) Francisco Gómez, cónyuge de María León.
2) Juana Gómez, casada con Nicolás Gómez de Saravia, hijo de Miguel Gómez de Saravia y de Gregoria Díaz Caballero.
3) José Gómez.
4) Micaela Gómez, casó primero con José Seco y en segundas nupcias con Bernardo Seco, hijo del chileno Pedro Seco y de Sabina Gómez de Sosa y Feo.
5) Lucas Gómez.
6) María Gómez, casó con Gerardo Pérez de la Rosa, hijo de Diego Pérez de Solís y Mendoza y María de la Rosa Lima o Gil. 
7) Pascuala Gómez, consorte de José Jerónimo Pereira Bocanegra.
8) María Josefa Gómez, posible mujer de Francisco Javier de los Santos.
9) Mariana Gómez, quien contrajo matrimonio con Juan de Melo Cabral, hijo del Capitán Diego de Melo Cabral y de Magdalena Martín Hernández de Saravia
(31).

A excepción de José y Lucas, todos estos matrimonios dejaron descendencia. Da. Mariana Gómez fallece el 20 de agosto de 1765 y es sepultada al día siguiente. En la partida de su entierro el Teniente de Cura Fray Pedro Pablo Reynoso deja un interesante y documentado testimonio por el cual podemos enteramos de que "... no hizo testamento ni pasó juez al inventario por no tener más bienes que las tierras donde vivía, siendo enterrada en la Iglesia con cruz alta por pedido de su esposo, quien se obligó a pagar los derechos parroquiales que eran 27 pesos luego de que se vendiesen las tierras, y el rompimiento de la sepultura se le dio de gracia por ser hija de quien donó la imagen de Nuestra Señora del Pilar y las tierras donde está fabricada dicha Capilla" (32).

Días después, el 11 de septiembre es inhumado el cuerpo de Juan de Melo, si bien no hay una variación sustancial en el escrito que certifica su deceso, debido a que se reiteran los mismos conceptos vertidos en la constancia anterior, sobresale la promesa que hace su yerno D. Fermín Jufré "... de abonar los honorarios a la Iglesia, luego de vendidas las tierras donde moraba el fallecido" (33).

En ambos casos quien certifica las partidas dice que no hicieron testamento. En cambio Da. Juana Ventura Melo, hija de este matrimonio, tenía otra opinión al respecto y en una declaración por el litigio de las tierras dice: "que no es cierto lo escrito por Fray Pedro Pablo Reynoso, quien tuvo la distinguida habilidad de apoderarse y ocultar en aquel archivo el testamento, recibos y otros papeles de D. Juan de Melo que se hallaban en una bolsa y que a éste se lo pidió D. Pedro Ponce de León, Síndico en aquellos tiempos de la Iglesia, donde quedaron guardados después de haber muerto Melo para el pago de los derechos de entierro. Como Melo fue albacea de D. Francisco Gómez, también fueron en la bolsa el testamento suyo y demás comprobantes" (34).

La denuncia formulada por la heredera Juana Ventura Melo da lugar a un informe del Notario eclesiástico D. Tomás de Basabe, que lleva fecha 24 de febrero de 1799 y por el cual certifica: "ser verdad que en el archivo de la Iglesia de hallan varios documentos y papeles que acreditan derecho a los terrenos de estancia de Don Francisco Gómez, como son varios recibos de los años 1705, 1706, 1707 y 1708, por compras de terrenos de estancia a Labayén y Espinosa, otro de 1708 a favor de D. Juan Melo Cabral por terrenos de estancia sitos en esta Capilla del Pilar comprados a Cordero.
Igualmente se encuentra una donación del Cura Dr. D. Francisco Javier Navarro a favor de este Santuario de 55 pesos que importaron los funerales de D. Juan Melo Cabral y Da. Mariana Gómez, cedidos sobre las tierras donde está la Iglesia con fecha del año 1767. También se halla un certificado del Cura Navarro y un decreto del Alcalde Provincial contra la venta de terrenos hecha por Fray Pablo del Aguila a D. Gerardo Pérez; además una donación de Da. Josefa Gómez a favor de este Santuario de los terrenos y derechos que tenga y pueda tener como legítima heredera de su abuelo D. Francisco Gómez" (35). Estos documentos se han perdido y es nuestra sospecha de que ellos también puedan  encontrarse en manos de algún particular.

El padre franciscano Pedro José de Parras, cuenta en el "Diario y Derrotero de sus Viajes" que llegó a Buenos Aires procedente de Cádiz en junio de 1749, luego de un trayecto que hizo desde Zaragoza donde se despidió de la virgen del Pilar, elegida como patrona de sus tareas, trabajos y peregrinaciones. Aquí se alojó en el convento de la Recolección. El día 3 de noviembre, después de cantar una misa a la virgen del Pilar, partió con destino a las provincias de Corrientes y Misiones. Al pasar por San Isidro se hospedó en casa del Capitán Fermín de Pesoa, a quien trata "amigo mío".

La visita duró hasta el día 8, fecha en la cual llegó el comisario de los Santos Lugares con una carreta, tienda de campaña y caballos. Por la tarde salieron para pasar el río de las Conchas (hoy Reconquista) y permanecer en un lugar próximo a la estancia de D. Pedro López, distantes tres leguas de la quinta de Pesoa.

Siguiendo el trayecto del viaje a través de la lectura del diario, el padre Parras prosigue su relato y dice: "... al día siguiente enderezamos muy despacio a pasar el río Luján que dista cinco leguas de donde hicimos noche y aquí permanecimos todo el día 10, por estar el tiempo tormentoso y no tener precisión alguna de apresurar el viaje. El día 11 en que ocurre la fiesta de San Martín, patrón de la ciudad de Buenos Aires, dije misa en una Capilla de María Santísima del Pilar que está inmediata al mencionado río...".

Ref: A: Capilla Nuestra Señora del Pilar. B: Rancho y Quinta de Clemente Gonzalez.
C: Estancia de la Virgen, lugar que fue de la población de Juan de Melo (Cabral).
D: Rancho y quinta de Dionisio Gutiérrez. 16: Rancho y quinta de Ramón de Pinazo.
Los demás números señalan las casas del pueblo formado sin orden desde sus principios.
Año 1799. Tribunales. AGN.-
                                                                         
No fue ésta la única visita que realizó Parras a la Capilla del Pilar; en 1750 viaja rumbo a Córdoba por el "camino viejo", sobre este nuevo itinerario deja escrito en su diario: "... el día 6 de octubre paré en la casa de campo del Capitán Pesoa, donde me detuve hasta el 10 a la mañana en que llegó mi secretario con tres mozos y 40 caballos con algunas mulas y fuimos esa tarde junto a la casa de D. Pedro López, donde en un lindo prado pusimos el toldo o tienda de campaña y pasamos la tarde alegremente, midiendo las jornadas que debíamos hacer hasta Córdoba, regulando el viaje con la mejor comodidad y pausa posible. El día 11 anduvimos seis leguas hasta un pueblecito que llaman el Pilar, por ser la santísima virgen del Pilar titular de su Iglesia en la que dijimos misa al día siguiente y después proseguimos hasta el río de Areco..." (36).

Habiendo crecido el número de vecinos, en 1750 la Capilla fue erigida Viceparroquia de Luján y se designó al Teniente de Cura Juan Isidro Illescas (37) que había sido Capellán en Luján desde 1731 hasta 1737 (38) y, en breves lapsos, a partir de 1741 en Pilar (39). Antes de asumir esa responsabilidad, el 1º de abril de ese año, efectúa un inventario el cual permite conocer detalles de la construcción, forma, estilo y el ornamento de la Capilla en ese entonces.

Los registros de bienes y alhajas de la Capilla se hicieron por orden del Cabildo Eclesiástico de Buenos Aires con la asistencia del nombrado Illescas, el mayordomo de la Capilla D. Juan Ponce de León, el Juez Alguacil Mayor del Alcalde Provincial D. Manuel de Pinazo Escobal y los testigos D. Bartolomé Gutiérrez de Paz, D. Francisco León, D. Juan de la Cruz y D. Joaquín Cabot y Montaner (40).

El terreno donde se hallaba la Parroquia era un potrero cercado de palos compuesto de una cuadra en cuadro. Frente al templo había una cruz como de 8 varas de alto con sus gradas hechas de ladrillo, lo mismo que la edificación, partes unidos con barro y otros con una masa de cal y arena; mientras que su techo, de tejas y a dos aguas, estaba sostenido por siete tirantes que hacían un largo de 21 varas por 6 ½ varas de ancho.

                                  Recreación artística de la Capilla Nuestra Señora Del Pilar año 1750

Las paredes internas y externas se hallaban enlucidas con cal, la puerta principal era de cedro de 3 varas de alto y otra similar en forma traviesa. En su frente tenía un pórtico de tres arcos, estando en el principal su chapitel donde estaban colocadas dos campanas. El presbiterio ocupaba un largo de 3 y ¾ varas con sus barandillas y molduras de cedro. En su fondo se erigía el altar mayor que era una mesa de 3 varas de largo y más de 1 vara de ancho, con un retablo de 4 ½ varas de alto y 2 varas de ancho, de pintura y escultura francesa.

En la parte superior se encontraba la imagen de Nuestra Señora del Pilar con su corona de plata y el niño Jesús en uno de sus brazos. En otra parte del altar mayor se hallaba un Señor crucificado de madera, dos ángeles de bulto, una cruz pintada de verde y dorada por sus orillas con su respectiva peana, unas sesenta estampas, un nicho de una vara de alto con cerradura y llave de plata, forrado interiormente con cortinas amarillas de lama de oro y sobre él una efigie de Nuestra Señora del Rosario adornada con su arco de flores.

Una mesa del mismo tamaño que la anterior estaba destinada para otro altar en el cual se colocaba un Señor crucificado de 1 vara y un tercio de alto, con su cajón para el desenvolvimiento del viernes santo. De las paredes colaterales pendían todas las estampas del Vía Crucis, alumbradas por candelabros de barro.

Completaban el interior de la Capilla, dos escaños que servían de asiento para las personas distinguidas, un púlpito de cedro con su escalera ornamentada con la figura de la virgen de Nuestra Señora del Pilar y un Santo Cristo de metal, dos confesionarios, un atril de coro y dos de altar, una mesa de pie para colocar las vinajeras, una pila bautismal, seis lámparas de barro para iluminar al Señor, seis candeleros de bronce y otros tantos de estaño, espejos, alfombras, mantillas, cortinados, paños, velos, lienzos de distintas y lujosas especies y todo elemento relativo al culto que sería largo de enumerar, amén de la ropa que incluía casullas, albas, capas y otras prendas.

La sacristía tenía 6 varas de largo y unas 3 varas de ancho con su puerta y a su lado un corredor. El techo estaba apoyado sobre cinco pilares y la salida daba frente a la puerta traviesa del acceso principal a la Capilla; también comprendía parte de las instalaciones un cuarto donde vivían los capellanes (41).

Si analizamos detenidamente las características edilicias de esta Capilla y los componentes de su ornamentación de procedencia europea, advertiremos que para levantarla debió existir un proyecto, un presupuesto y una serie de trámites de demoras imprevisibles y aprobada esta gestión se necesitaba contar con la mano especializada de un maestro de obras, concretar el traslado de los materiales y seguidamente la etapa de su edificación, pormenores que llevaban su tiempo.

Su existencia está acreditada en el censo de 1744 (42), por lo tanto su antigüedad se remonta más allá de ese año, recordemos que la Capilla primitiva era de adobe y techo de paja, mientras que en esta construcción se utilizaron ladrillos unidos con una mezcla de cal y arena para sus paredes y tejas para cubrir su techo, situación que refuerza la suposición de que la primera Capilla u oratorio estuvo en la propia vivienda de Da. María Cabezas.

Todas estas dudas e hipótesis hoy podemos decir que han quedado aclaradas con el hallazgo o más bien la recuperación de documentos eclesiásticos, permanecidos ocultos y en manos extrañas durante muchos años y cuya revelación permite dar un paso adelante en la reconstrucción de la historia del Partido del Pilar. Veremos en estos documentos que la primera Capilla se comenzó a construir en 1731 por el Alférez y después Capitán Don José López de Quiroga, luego de obtener autorización del Obispo Fray Juan de Arregui para pedir limosna destinada a la fábrica del templo.

Conoceremos las gestiones realizadas durante el año 1740 por D. Diego de Melo y D. Juan Nicolás de la Cruz para trasladar la Capilla y erigir nuevos edificios en sus estancias y la oposición de los vecinos para dicho cometido por razones de distancia.

La reedificación y donación de la Capilla por parte de D. Juan Ponce de León, designado Patrón y Mayordomo perpetuo y otros detalles que surgen del relato de estos escritos que pasamos a transcribir en el capítulo siguiente.


Bibliografía, documentación consultada y notas


                                                                           continúa capítulo V.-
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sábado, 18 de septiembre de 2010

CAPITULO V - Documentos antiguos 1729 a 1880.-

     
                                              

Conservo copia de estos y otros documentos cuyos originales me fueran facilitados en su momento por el extinto Dr. Gregorio Ferrá, luego restituidos y hoy en poder de sus descendientes.  En la introducción de esta reseña histórica doy más detalles debidamente fundados sobre la procedencia de estos testimonios que nos transmiten sucesos desconocidos acaecidos en los principios del antiguo pueblo del Pilar. Otros papeles fueron hallados en el Museo y Archivo Udaondo de Luján, Archivo Histórico Ricardo Levene, Dpto. Investigación Histórica y Cartográfica, Geodesia, La Plata, Archivo General de la Nación, Biblioteca Nacional de la Nación, Academia Nacional de la Historia, Museo Mitre y otros repositorios. Varios expedientes de los inicios del pueblo nuevo me fueron cedidos por el Sr. Menta, D. Tomás Petrochi, vecinos del Pilar, D. Arturo César Carboni de Escobar, Monseñor Juan Antonio Presas, D. Mariano Cirilo Beliera, y seguiría nombrando.

 




1.- Informe de D. Juan Ponce de León. --- 2.- Licencia otorgada al Alférez José López de Quiroga para pedir limosna. --- 3.- Licencia concedida a D. Juan Nicolás de la Cruz para pedir limosna destinada a la traslación y construcción de una nueva Capilla en la estancia de D. Diego de Melo. --- 4.- Licencia conferida a D. Juan Nicolás de la Cruz para solicitar limosna y erigir una Capilla en tierras de su propiedad. --- 5.- Licencia dada al Maestro D. Juan Isidro Illescas para servir en la Capilla de Nuestra Señora del Pilar. --- 6.- Petición de los vecinos. Auto del Obispo dejando sin efecto el traslado de la Capilla y obligación de D. Juan Ponce de León para el mantenimiento y progreso de la Iglesia. --- 7.- Nombramiento de D. Juan Ponce de León como Mayordomo perpetuo y Vice patrón de la Capilla. --- 8.- Donación de la Capilla a la Iglesia Catedral que hace D. Juan Ponce de León. Aceptación y nombramiento de éste como Mayordomo, Administrador y Vice patrón perpetuo. 9.- Antecedentes de la capilla del Pilar Viejo, versión del Padre Guillermo Furlong. 10.- Manuscritos de D. Tomás Márquez relativos a la construcción de la nueva iglesia y reformas posteriores copiados de la Escribanía Mayor de Gobierno cuando ejercía funciones como senador en La Plata. 11.- Plano (inedito) de la iglesia nueva hallados por el arquitecto Mario Buschiazo. 12.-Testimonios del Dr. Angel Alonso Reyes.

                                                   



                                                            

                                                             continúa capítulo VI.- 

                                                         

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