viernes, 27 de agosto de 2010

EL MUSEO DEL PILAR "ALCALDE LORENZO LOPEZ" Y LA EXTRAÑA DESAPARICION DE UNA CARTA DE JUAN MANUEL DE ROSAS.

                                                
El museo del Pilar "Alcalde Lorenzo López", después de varias postergaciones abrió nuevamente sus puertas al público el viernes 12 de noviembre de 2010 en su nueva sede de la calle Tucumán 960. La permanencia en este lugar no será definitiva debido a que en un futuro es intención de las autoridades trasladarlo frente a la estación del FFCC San Martín, donde existió la Pulpería “La Blanqueada”.

Pasaron casi cuatro años desde aquel sábado 16 de diciembre de 2006, donde las pertenencias después de ir de un lado al otro durante dos décadas volvieron a la iglesia del Pilar. En esa oportunidad al enterarnos de la desaparición de una carta escrita de puño y letra del Brigadier Don Juan Manuel de Rosas y otras pertenencias, hecho aun no esclarecido, hicimos el siguiente comentario:

"El primer intento de formar un museo histórico en Pilar fue hace alrededor de treinta años por iniciativa del vecino Mario Martínez" - recordaba el doctor Ernesto Petrochi, titular de la Comisión de Amigos del Museo, en un artículo publicado el viernes 15 de mayo de 1987 en el suplemento Zona Norte del diario La Nación -. "Con las primeras piezas obtenidas se hizo una primera exposición en el salón del Concejo Deliberante, donde se conservó todo hasta la intendencia de Ponce de León, cuando se le pidió a la iglesia un ala desocupada". Así se instalo el museo en el lugar que ocupaba sobre la calle Belgrano.

La noticia anticipaba el cierre del museo, debido al descuido y la falta de interés de los vecinos por preservar el patrimonio histórico de la localidad. Por su parte el párroco José Ramón de la Villa, agregaba: "hace tiempo que reclamo la devolución de la sala que cedimos, ellos no hacen nada allí", luego agregó "utilizan el lugar para reuniones políticas".


Las diferencias de opiniones entre los miembros de la comisión, hicieron que ésta se disolviera y, con el tiempo, se hizo cargo de las piezas la municipalidad,siendo trasladadas a la casa de la calle Ituzaingó 469 y más luego a la calle Tucumán, ocupando la oficina 411 del edificio de Bomberos, donde, además, funcionaba la sede de Cultura y Clubes de Campo bajo la dirección de don José Sánchez, quien hizo un relevamiento, organizó, incrementó y recuperó objetos y documentos, dejando al término de su gestión un prolijo inventario de sus pertenencias.

Con el paso de los años y como resultado del cambio de autoridades, ocuparon el área de Cultura distintos funcionarios, responsables a su vez del museo, el cual cerró sus puertas en el año 2000. El Director del Instituto de Cultura y Animación Social, de ese entonces, Profesor Manuel Vázquez, al ser entrevistado por un medio periodístico local, manifestó: "La gestión actual del intendente Humberto Zúccaro no recibió el museo porque no se entregó la llave del lugar donde estaban las piezas y, por decisión de éste, con la presencia de un cerrajero y un escribano se abrió el recinto y de acuerdo con el inventario anterior sólo faltaría una carta firmada por Juan Manuel de Rosas. Desgraciadamente nada estaba cuidado ni rotulado, los elementos estaban apilados. El estado fue lamentable, no estaban ni en vitrinas ni en estanterías". Poco después, efectuado un nuevo inventario, se comprobó el faltante de otros objetos (pilardetodos.com.ar 14-12-2004; Diario Resumen 28-12-2006).

Astuto y muy ligero de palabras el hombre se lavo las manos, como si nada tuviera que ver. Era de preveer, también lo hizo con el expediente de las investigaciones arqueológicas que estabamos realizando en el Pilar Viejo con el Dr. Alberto Allindo, Walter Belfiore y el asesoramiento del arquitecto Daniel Schávelzon, del cual, junto con su lugarteniente el Profesor Susco,  no prestaron colaboración para que prosperara en el ámbito municipal y se concretara la intención.

Al respecto Vázquez en una entrevista opinó: "creo que el proyecto es interesante, pero tengo ciertos reparos porque si no se hace con mucho cuidado, poniendo a resguardo los trabajos, de la intemperie y de los ladrones, puede convertirse en algo lamentable" (La Buena Noticia, Boletín informativo de la Parroquia del Pilar - Secretaría de Comunicación Social, octubre 2005, Nº 318, p. 6). Pensar que los delincuentes que saquearon el museo los tenía a su lado y seguramente con un sueldo, esto si que fue lamentable. 

El Doctor Petrochi, rememorando viejos tiempos y disgustado por lo sucedido, hizo este comentario: "Estábamos en la Parroquia revolviendo papeles y en un momento dado Mario Martínez ve de lejos sobresalir de dos papeles la firma de Rosas; y me dice: ¡mirá la firma de Juan Manuel de Rosas está en aquel papel!. Sacamos la carta que estaba en perfectas condiciones, fechada en Arrecifes en el año 1929 dirigida al cura párroco de Pilar en la cual Rosas le hacía una petición: "que todas las tardes al caer el sol se cantara la salve como cuando él era niño". Martínez, añade un detalle más a lo señalado por Petrochi, "en la carta también le pedía rezar un Padre Nuestro en memoria del gobernador Dorrego". En la actualidad poco se sabe sobre este material tan significativo para la historia de nuestro pueblo; ante esta situación el doctor Petrochi considera que "si alguien se apropió indebidamente de esa carta ha de ser un ladronzuelo de baja estofa" (La Buena Noticia, Boletín informativo de la Parroquia del Pilar, p. 13, diciembre 2006).

A fines de 1992, a pedido del Director del Museo don José Sánchez, pude transcribir la carta de Rosas que estaba colocada en un cuadro con marco de madera y cubierta por un vidrio, dejando una copia mecanografiada en el museo (ver ANEXO). Aun conservo el borrador y una copia carbónica. Veamos que decía el Restaurador de las Leyes en ese mensaje, del cual algunos que no han llegado a conocerlo, han hablado y opinado de manera diferente sobre su contenido:

"Arrecifes junio 3/1830.

Respetable Párroco.

El moralizar las clases de los pueblos el hacer gustar a los fieles las preces y alabanzas que por su antigüedad y melodía son insinuantes al corazón: el acostumbrar la juventud de ambos sexos a los actos de piedad, entonando reunidos en el templo canciones sencillas, me han movido a recordar el uso que en la casa de Dios y en las de familia se frecuentaba antes diariamente en un rato del día o de la noche.

Me complacería de que reviviese esa cristiana práctica, de modo que en todas las Iglesias parroquiales después de rezado el rosario, se oyesen entonar las buenas noches, y en los sábados la Salve, como se acostumbraba antiguamente.

Me tomo la confianza de acompañar a V un ejemplar de las buenas noches y otro de la Salve dolorosa por que considero que los sentimientos que fundan mi súplica, estarán de acuerdo con los de V; pues estoy persuadido que practicando diariamente este ejercicio devoto, al paso que por su medio presentaría un motivo que excitase a la asistencia, al mismo tiempo imprimiría una devoción muy provechosa.

También la memoria del Jefe de la Provincia asesinado el trece de diciembre de 1828, y la de los que han fallecido en defensa de las leyes y en desagravio del atentado cometido contra la autoridad, sería muy conveniente recordarla diariamente después del Rosario, rezándose en público un Padre nuestro con este objeto. Este recuerdo ayudaría a afirmar en los fieles el odio necesario a las sediciones, y el respeto a las leyes.

Espero que el Ministerio de V, recibirá con agrado mis súplicas.- Ellas proceden del mejor deseo de su compatriota y atento servidor.- [Fdo.] Juan Manuel de Rosas".

Poco después, leyendo la "Vida de Don Juan Manuel de Rosas" del historiador Manuel Gálvez, constaté en una de sus páginas, la reproducción del manuscrito perdido con algunas adaptaciones en su texto, probablemente hechas por el autor del libro, pormenor que puse en conocimiento de Sánchez en una nota enviada por correo a su domicilio.

Para conocer el origen de esta misiva debemos introducirnos en la lectura del capítulo VII de la bibliografía citada, donde Rosas viaja por el norte de la provincia de Buenos Aires y restaura la religión:

"En uno de los últimos días de marzo de 1830, parte Rosas para el norte de la provincia a conocer bien esa región. Primera detención: Luján, villorrio de importancia histórica. Al día siguiente llega Ferré, y Rosas da una comida y baile en su honor.

Visita pueblo por pueblo. Arcos de triunfo y aclamaciones. En San Nicolás se encuentra con Estanislao López, gobernador de Santa Fe, y que también representa a Entre Ríos. Allí, ellos dos y Ferré acuerdan nombrar representantes para que, reunidos en Santa Fe, firmen el Pacto del Litoral.

Durante su permanencia en el norte, Rosas sigue decretando y atendiendo el despacho. Hay, pues, dos gobiernos. Su secretario, el doctor Manuel Vicente de Maza, actúa como un verdadero ministro. Pero el temperamento dominador de Rosas resuelve, sin proponérselo, aquella anomalía. Es evidente que, salvo, y sólo en ciertos casos, Anchorena, los ministros no se atreven a decretar nada sin su anuencia. Lo prueban los centenares de expedientes y de asuntillos que le mandan en consulta o para resolver.

Rosas comienza en este viaje a cumplir el primer mandato de la legislatura: restaurar la religión. Desde San Nicolás decreta que se restituya a los curas de la campaña "la administración de los ramos de fábrica de sus respectivos templos", que les quitara el gobierno anticlerical de Rivadavia. Esos productos, las velas, por ejemplo, serán vendidos por los curatos, lo cual antes correspondía a un síndico. El decreto se basa en el deseo del gobierno de "consagrar a la Casa de Dios el respeto, la decencia y contracción posibles".

Visita la iglesia de cada pueblo, y, a veces sin que se lo pidan, ordena reparaciones; los gastos correrán por su cuenta. A cada templo, quinientos pesos de su sueldo; y si los gastos tienen que ser mayores, agrega otros quinientos de sus fondos particulares. En los papeles de su secretaría constan estas donaciones, así como la entrega de los dineros realizada por el ministerio de Hacienda. Quedan también testimonios de su iniciativa; así en los documentos relativos a la iglesia de Pergamino: "…al examinar personalmente el gobernador el estado del templo de este pueblo". Estas reparaciones de las iglesias del norte les cuestan a Rosas alrededor de diez mil pesos.

Ocupase también de que se enseñe la doctrina en las escuelas y de la asistencia a misa. "Estaban muy descuidadas -le escribe al canónigo Segurola-, pero con mis prevenciones y consejos a los curas, jueces de paz y vecinos de la Junta esto irá mejor." Al párroco de Arrecifes le dirige estas devotas palabras: "El moralizar las clases de los pueblos; el hacer gustar a los fieles las preces y alabanzas que por su antigüedad y melodía son insinuantes al corazón; el acostumbrar a la juventud de ambos sexos a los actos de piedad, entonando reunidos en el templo canciones sencillas, me han movido a recordar el uso que en la Casa de Dios y en las de familia se frecuentaba diariamente en un rato del día o de la noche". Le complacería "que reviviese esta cristiana práctica, de modo que en todas las iglesias parroquiales, después de rezado el Rosario, se oyesen entonar las Buenas Noches y en los sábados la Salve, como se acostumbraba antiguamente". Le envía un ejemplar de esos cantos, y confía en que con la práctica diaria de ese "ejercicio devoto", aumentará la asistencia al templo y se obtendrá "una devoción muy provechosa". También desea que, después del Rosario, se rece todos los días un Padre nuestro en memoria de Dorrego y de los que murieron "en defensa de las leyes", y como desagravio por el atentado contra la autoridad; con lo cual se ayudará "a afirmar en los fieles el odio necesario a las sediciones y el respeto a las leyes".


A su padrino y pariente el sacerdote José Maria Terrero, provisor y gobernador del Obispado, le escribe desde San Nicolás: "Ando trabajando cuanto puedo por mejorar nuestras iglesias y las costumbres religiosas; todo ha de ir bien, porque el ejemplo puede mucho. El templo de San Pedro era un chiquero. El cura lo había dejado cerrado, y le pido a usted que lo destituya, en vista de que el tal cura se ha dado tiempo para edificar casas propias y no para asear, siquiera, el templo". En otra carta le pide dos curas para Baradero y Fortín de Areco: "pero no me mande curas inmorales". Desde el Salto se muestra un creyente fervoroso y un catequista: "El cura de Rojas no rezaba el Rosario por la noche; tampoco echaba sus pláticas. Yo le hice ver que no era indispensable decirlas de memoria, que tanto valía escribirlas y leerlas en el púlpito. El alegaba falta de velas y yo le allané todo". Por fin, desde Pergamino: "¡Cómo se ha mirado por nuestros gobiernos, padrino, la religión de nuestra tierra!"

Cree que si los federales logran gobernar seis años, el país ha de cambiar: como ahora se educa: en la verdadera fe de nuestros padres a estos niños que se están criando, ellos la han de defender, dando en tierra con todos los incrédulos y con todos los malvados". Y termina enumerando lo que tiene ordenado para la propagación de la fe en la campaña: "Yo hago que las tropas entren formadas a misa y que ella se rinda rigurosamente a Dios la veneración que marca la ordenanza. Hago que las retretas, al romperse, pasen a las puertas de las iglesias y toquen a Dios un toque, en demostración de respeto y alabanza. Si el cura ha cumplido bien, también se le toca un toque en la puerta de su cuarto, para darle, con esta y otras demostraciones, la importancia que yo quiero que tengan los ministros del altar".

En una carta al prócer y sacerdote Pedro Ignacio de Castro Barros, en respuesta a sus felicitaciones por su ascensión al gobierno, dísele que la irreligión y la anarquía son los enemigos más terribles de la patria, y que, contra ellos, uno de sus primeros cuidados será el de "moralizar la juventud que se educa", así como "el restablecimiento de la religión pura de Jesucristo" y el entrar en comunicación "con la cabeza de la Iglesia en la tierra". Y termina: "los triunfos del altar y de paz son y serán, en cuanto pueda y alcance, los objetos que como hombre público y privado jamás olvidaré".

Por orden del juez, un año más tarde, son quemados numerosos libros heréticos, como cierta Historia crítica de Jesucristo y una obra antirreligiosa titulada El Cristianismo al descubierto. Poco después, el gobierno -atribuyese a Anchorena este acuerdo- dispondrá que sea "considerado y castigado como criminal, según la gravedad y circunstancias del delito", el que venda o haga circular libros que ataquen "la sana moral del Evangelio, la verdad y santidad de la religión del Estado y la divinidad de Jesucristo". Y su preocupación por el mayor esplendor del culto llega hasta ordenar que durante "el novenario a Nuestro Glorioso patrón San Martín", permanezcan cerradas todas las casas de abasto y talleres de la ciudad, desde las diez hasta las once de la mañana, y hasta prohibir las reuniones en las pulperías durante la celebración de los Oficios Divinos en la nueva iglesia de San José de Flores.

Al mismo tiempo, Rosas se preocupa de la moralidad. Ha recomendado a la policía "el mayor celo y vigilancia en perseguir y exterminar totalmente las casas de juegos prohibidos". Veda el uso del cuchillo, bajo penas severas. Más tarde, hará arrear a numerosas mujeres de mal vivir y las hará conducir a los nuevos pueblos que se han fundado en las fronteras, en donde podrán ganarse la vida honradamente y casarse."

Gálvez no señala con precisión de donde tomó la referencia de los dichos de Rosas, sólo menciona la documentación general consultada para componer la obra, de ella pude comprobar que la casi totalidad de los escritos de Rosas se hallaban en el Archivo General de la Nación. Fue así que después de revisar varios legajos de su secretaría, logré hallar una carta facsímile, escrita de puño y letra por el gobernador don Juan Manuel de Rosas; la misma que enviara al cura de Arrecifes don Juan José Dupuy el 3 de junio de 1830.


Este mensaje personal, convertido en una circular, fue enviado por el propio Rosas a todos los templos religiosos de la campaña bonaerense; por ello no es de extrañar que otros ejemplares del mismo tenor se encuentren en los archivos de esas Iglesias. Unido a este descubrimiento vendría otra gran sorpresa, el hallazgo de la nota donde el Cura del Pilar le contesta a Rosas de esta forma:

"Excelentísimo Señor Gobernador. Nada más conforme a las miras, y designios del que suscribe, para poner en ejecución, y estimular a su más exacto cumplimiento, cuanto se halla comprendido en la respetable nota de Vuestra Excelencia fecha 3 del presente Junio. Así es, que al otro día de haberla recibido, que fue el mismo, en que la Iglesia recuerda el alto, y adorable Sacramento del amor de J.C. para con el hombre; reunida como se hallaba la Feligresía, al concluirse el Evangelio, dispuso, que por el Notario Eclesiástico se anunciase de un modo solemne, y tomando inmediatamente la palabra de su Ministerio exhortó a todas las clases a la constante práctica de tan saludables, y consoladoras máximas, así por lo que concierne a las preces, y alabanzas para con la Madre de Dios, como también a los demás políticos, y piadosos recuerdos a que se contrae aquella nota respetable.

El que suscribe puede hoy felicitarse asimismo viendo, que la primera autoridad de la Provincia no obstante sus grandes, y abultadas atenciones, se contrae de un modo inequívoco a dar a sus conciudadanos las pruebas más decisivas de su amor, y Religiosos sentimientos. En su consecuencia se atreve a asegurar al Excelentísimo Señor Gobernador de la Provincia, cuan grato le será ofrecer su deferencia, y respeto, a cualquiera otra indicación que tenga unos objetos tan loables, y santos.

Dígnese pues el Excelentísimo Señor Gobernador de la Provincia, aceptar por este medio las más sinceras protestas del aprecio, consideración y respeto con que se le ofrece este su atento servidor Capellán y compatriota que besa su mano. [Fdo.] Manuel Antonio Ascorra. Parroquia del Pilar, Junio 11 de 1830."


El Padre Ascorra estuvo en el Curato del Pilar, desde 3 de mayo hasta el 11 de julio de 1830. Su sucesor, el Padre Fausto José Rodríguez, al asumir en sus funciones, reprochó en forma escrita la conducta de este sacerdote por las falencias observadas en el libro de cuentas en el periodo de su breve interinato.

Cerramos aquí este interesante relato con alegría por el logro obtenido y con desagrado por la desaparición de la carta del Brigadier don Juan Manuel de Rosas y otras piezas del museo histórico del Pilar. Compartimos las palabras del intendente Zúccaro, cuando al asumir en sus funciones dio directivas para que se realizaran las acciones legales correspondientes para con los responsables. Pero también -debido al tiempo transcurrido- creemos que es un deber informar a la población el resultado de la demanda y los nombres de los funcionarios implicados, para dar transparencia a su gestión y dejar un precedente que evite la repetición de estos hechos; pues un antecedente parecido lo tenemos en la iglesia y en la propia Municipalidad, donde libros y expedientes del pasado del Pilar que se hallaban en sus archivos fueron descartados como papeles en desuso o sustraídos y ahora padecemos la pérdida de una parte de nuestra historia.

ANEXO:















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